La Moda durante la Segunda Guerra Mundial

     A finales de los años ´30, la sociedad del viejo continente se encontraba inmersa en un “carnaval” que se expandía por todos los ámbitos; por un lado comenzaba el circo de los totalitarismos que desembocó en el “Carnaval de sangre” de la Segunda Guerra Mundial, y por otro lado, el exceso carnavalesco de la moda.

    Esta última, siempre fiel a los cambios sociales, intentaba deslumbrar y aturdir a sus seguidores con un exceso en los adornos y los complementos, para así evitar no ver o no sentir las turbulencias sociales que se vivían en el momento. Entre estos exuberantes accesorios se destaca el uso del sombrero, cuyos diseños rozan el ridículo. Van bien contextualizados con la farándula carnavalesca y su efímera vida.

Entre los accesorios, se destaca el uso del sombrero

    A comienzos de los años ´40 un mar de lágrimas inundaba Europa, se había declarado la Segunda Guerra Mundial. Se lloraba por varias razones: ingenuidad, se solía creer que no habría otra como la “Gran guerra europea; despecho, volvía a ser Alemania la causante de los conflictos bélicos; pero sobretodo se lloraba porque se sabía que las balas, tanques, aviones, fusiles, gases, incluso las anticuadas trincheras, borrarían toda la sociedad recién reconstruida, “los locos años ´20”, el “carnaval” y la escasa burguesía. Sería un empezar de cero.

    Las casas de costura y sus diseñadores también derramaron agua por los ojos. Alemania controlaba la “Alta Costura parisina”. La mayoría de los diseñadores fueron exiliados y los pocos que continuaban con la aguja en la mano, veían coartada su inspiración por la escasez de telas y el raciocinio (en Alemania no hubo escasez hasta 1943).Continuaban cosiendo Elsa Schiaparelli, Patou, Madeleine Vionnet, Nina Ricci, Marcel Rochas, entre otros.

    Antes de la guerra, los modistos de Nueva York viajaban anualmente a París para asistir a las opulentas muestras de la moda que regía en la época. Ellos regresaban a Estados Unidos y copiaban los diseños de la “Alta Costura parisina”. Al estallar la guerra en Europa, el bloqueo impedía realizar estos viajes anuales, obligando a los industriales estadounidenses a concentrarse en la indumentaria deportiva.

    La moda atraviesa en estos momentos un feísmo absoluto, sobretodo en la moda masculina, donde predominan los colores grises y pardos.  

    La sobriedad y el reciclaje caracterizaron la moda durante la Segunda Guerra Mundial. “Se aprende a vivir sin el cuero, las suelas se rehacen con viejos neumáticos y paja trenzada”, indica el Museo de la Moda de Chile. Debido a la guerra, hubo una creciente escasez de materiales, especialmente los utilizados para los vestidos y calzados. Los gobiernos confiscaron todas las reservas de fibras naturales, obligando a los fabricantes a substituirlas con fibras sintéticas. Muchas mujeres debieron arreglar su propia ropa; la Alta Costura se estancó. La mayoría de las firmas debieron cerrar.

    La falta del nylon llevó a las mujeres a pintarse las piernas para dar el efecto de las medias. Maquillaban la parte posterior de ellas con una raya para dar el efecto de la costura. Podemos considerarlo una frivolidad, pero esas mujeres lo hicieron. Y lo hicieron en un momento en que no había espacio para trivialidades. Así como era imperioso cocinar y alimentar a sus hijos en medio del desastre de una guerra, también era una necesidad estar bien vestidas, o parecer que lo estaban.

    Mujeres durante la Segunda Guerra Mundial

    Para la consumidora media lo más importante era saber trucos que le permitieran reformar el vestuario que poseía y alargarle la vida a la prenda. Deseaba saber cómo se podría arreglar un vestido viejo para seguir llevándolo o cómo adaptar un abrigo femenino de una chaqueta de caballero. Tiempo después, estas habilidades seguían siendo de vital importancia para toda mujer que tuviera presente la moda, pero no dispusiera de medios para comprarla.

   Se produce un recorte de telas, se busca economizar lo más posible en un traje, se quitan bolsillos y los pliegues, se populariza el uso del chaleco, se disminuye el tamaño de los cuellos y las solapas, se usan telas sintéticas, como la seda artificial.Como forma de respeto al hombre que estaba en la guerra, la mujer recurrió a un estilo conservador. Se usan las faldas rectas, que cubrían las rodillas, los trajes con estilo militar y zapatos con plataforma de corcho más baratos que el cuero. Para la cabeza, la moda era recurrir a gorritos diminutos, muy sencillos o simplemente pañuelos. Los accesorios también son escasos y predominan las piezas negras, muchas de ellas teñidas para darle un segundo uso. Los colores se volvieron oscuros y la austeridad se convirtió en protagonista.

   La moda reflejó la crisis y la desesperanza: los tejidos eran de baja calidad. Se popularizaron las prendas con doble uso que, por medio de accesorios, se podían utilizar tanto para el trabajo como para una salida en la noche.

   Lo que más disgustaba a los artistas de la Haute Couture era que no podían llevar a la calle sus nuevas propuestas debido al bajo nivel de solvencia económica de los sectores de la población. Fashion victims, solo podían saborear ese dulce caramelo a través de la revista Vogue que seguía publicando, hasta que Goebbels, ministro de propaganda del Führer, eliminara el lujo de la población, tanto tiendas de joyas como revistas. En 1940, en Francia, el gobierno alemán controló la alta costura. Un dato curioso es el desacuerdo de Adolf Hitler ante esta medida, quien en cierta oportunidad mencionó las siguientes palabras: “No hay necesidad de que una mujer se ponga fea”, sin embargo, quería deportar la industria de la Alta Costura parisina a Berlín o Viena. En aquellos años, éstos eran considerados unos de los centros más importantes de la moda europea, pero nunca a la par de París, por tanto, el trasladar la industria de la alta costura francesa a la capital germana, significaba convertir al Reich en el centro mundial de la moda. Lucien Lelong, a cargo de la Cámara de alta costura, resistió e intentó evitar la deportación de dicha moda.

    Durante la guerra, el soldado alemán fue el mejor vestido y equipado, en todos los frentes, excepto por la falta de uniformes de invierno en el Frente del Este, debido a la imprevisión porque los mandos militares consideraban que antes de la navidad de 1941 la campaña habría terminado. El peor vestido fue el soldado soviético, a quien se lo veía andrajoso y carente de lo más elemental al comenzar la guerra, pero que al avanzar el invierno y con la ayuda de Estados Unidos y Gran Bretaña, se equipó adecuadamente para la larga campaña de invierno. Los demás países equiparon a sus soldados con los uniformes adecuados para la campaña, pero sin lujos. Incluso el aspecto de los soldados japoneses, tal como se les ve en las películas, no es el verdadero, pues Hollywood trató siempre de desmejorar su aspecto. Los japoneses fueron unos de los soldados mejor equipados durante la guerra.

Uniforme de soldados durante la Segunda Guerra Mundial

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